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viernes, 8 de diciembre de 2017

EN BUSCA DE LAS MENTES LIMPIAS





Estamos en el año 2017. La era tecnológica en plena revolución. Puedo permitirme el lujo de escribir en el ordenador mientras mi lavadora trabaja para mi familia. Hay Universidades, comodidades, alimentos...  estamos evolucionados vamos. Por supuesto hay todavía un porcentaje de población que no puede disfrutar de estas ventajas materiales, y no porque no haya de sobra, es porque la supuesta evolución no va acompañada de las estructuras mentales necesarias.
Si las mentes estuviesen evolucionadas en su conjunto, al lado de las maravillas que nos hacen la vida más fácil, estaría la capacidad de administrarlas para que tod@s se beneficiasen de ellas. Si va bien al conjunto nos va bien a todos. Si parte del conjunto no está bien, tarde o temprano acaba afectando a todos.
Tras esta introducción voy a ceñirme a un caso cocreto que los últimos años y sobre todo este año 2017 ha estado muy presente en la realidad española e ilustra esa mente sucia y sin evolucionar que aún tienen muchos: el caso de la manada.
Antecedentes: cinco hombres adultos, de entre 20 y 30 años, proponen en un San Fermín relaciones sexuales a una chica de 18 años. Se la acaban llevando a un portar donde ellos se lo pasan tan bien que hasta lo graban y lo mandan a su grupo de whatsapp donde los demás hombres los vitorearon como campeones. Pero ella los denunció por violación.
En estos momentos el caso está visto para sentencia y con cuentagotas nos van contando lo que ha pasado el día de autos y lo que ha sucedido en la sala del juzgado.
A mí me da completamente igual el consentimiento de la denunciante, aunque sea a lo que se está agarrando la defensa con uñas y dientes. Porque los que han hecho el Código Penal, en materia de sexo, consideran el consentimiento como algo fundamental. Y hay que empezar a explicarles que no es así.
Aunque hubiese dicho que sí la chica, en su cabeza la imagen de sexo que se formó es muy posible que se pareciese más a una película delicadamente romántica en la que las relaciones sexuales son con cariño, cuidado y respeto hacia el cuerpo de la mujer; si añadimos a varios hombres, eso saldría multiplicado y podría hasta ser una bonita experiencia para alguien a quien esas cosas le gusten. Pero lo que está claro es que no ha habido ni respeto ni cuidado y mucho menos cariño.
La imagen mental de los cinco hombres es la del sometimiento, la cosificación, buscar su propio goce vejando a una chica y encima hacerlo público para regodeo de los que tienen la misma mente que ellos. Porque está claro que esas mentes no están bien cuando buscan a una mujer tan joven para meterla en un portal y... en fín que es tan sórdido y sucio solo narrar los preliminares que para qué.
Por eso, en lugar de buscar el sí explicito de la chica, que me da igual si lo consintió o no, hay que mirar en qué sociedad estamos para que se vea "normal" el poder cosificar a una mujer porque ha dado su consentimiento o no se ha negado lo suficiente. Que se vea "normal" que cinco hombres anden en busca de una mujer para proponer relaciones sexuales que lo único que son es fuerza, manipulación, placer egoísta, exhibición, deahogo rápido y dejarla a su suerte una vez satisfecho el ansia personal es muy preocupante en una sociedad que se considera evolucionada. 
Si el otro argumento recurrente en estos casos es que "ella provocaba", me voy a otros tipos delictivos: que a mi me provoque el vecino no me exime de responsabilidad si decido ceder a su provocación y le doy una paliza. Porque puedo ofrecerle unas leches y él incluso dar su consentimiento y decir "venga, dame, que me va la marcha". 
Pero si eres mujer y yo como hombre cedo a la provocación con sexo, que encima no sé practicar porque ella se considera violada, resulta que el echo de provocar y consentir son palabra de dios para que no exista delito o sea menor.
Es momento de revisar la mente que nos domina. Está enveneda en muchos casos, en demasiados. Y encima se ve normal, porque las cosas son como son y la ley es la ley. Pero no hemos llegado a tantas comodidades viendo todo normal y pasando de denunciar aquello que si lo vemos con mente limpia y evolucionada NO ES NORMAL.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

EL DÍA QUE TE SIENTES “SUPERIOR”







Hay días así, quizá no muchos a lo largo de una vida, pero seguro que uno por lo menos sí.
Ese día coincide con una situación en tu vida que te pone en la realidad de que hay mucha gente que no es capaz de ver lo que tú ves.  Y claro, la diferente eres tú.
Digamos que estás ante una maravilla del mundo, como puede ser la playa de las Catedrales. Estás rodeada de gente, pero sólo tú sientes  y disfrutas la belleza que te envuelve. Cuando miras a tu alrededor entiendes por qué los demás no se sienten como tú: son sordos, o mudos, o ciegos.
Pues con las cosas de la vida sucede lo mismo. Hay mucha gente a tu alrededor incapaz de ver lo que tú has conseguido ver (aquí ya no entra tanto el sentido físico como el sentido interno de cada uno). Puedes dar muchas explicaciones, pero decides que no; que total, mientras no se les despierte ese mismo sentido que a ti te permite ver lo que ellos no pueden ver, es gastar energías. 
Pero estás feliz porque ves;  y tienes esperanza, porque igual que has llegado tú, algún día llegarán los demás…  o la mayoría por lo menos. Todos los bebés  sanos acaban hablando, caminando, dejando el chupete... sólo que cada uno lo hará cuando esté preparado para hacerlo. Ni los que lo han hecho ya pueden empujar a los que no, pues no es bueno acelerar el proceso; ni los más rezagados han dejado de conseguirlo.
Habrá a quien tal superioridad le de tristeza porque se sentirá sola. Y quizá decida dar un paso atrás y actuar  y ver y sentir como los demás para no ser diferente. Esto tiene un coste: la vida te acaba quitando lo que no utilizas; pero eso sí, serás como los demás. Eso bien mirado se llama rendirse.
Por eso proclamo la esperanza de que todas lleguen al grado de visión más alto, cada una en su momento, sin prisa. Pero teniendo muy presente que lo importante es no rendirse NUNCA.

martes, 7 de marzo de 2017

AFINANDO LA CUERDA






El yin y el yang. Este es el recurrente tema al que se acude y del que se dice que si no se entiende de qué va pues que no se entiende realmente nada. Femenino o masculino, blanco o negro, vacío o lleno, etc, etc. Aquí siempre lo polarizamos porque así lo vivimos ya desde pequeños; parece que los tonos intermedios no existen. Y precisamente lo que viene a decirnos el yin y el yang es que nada es absoluto, que uno genera al otro y están en continua vibración entre sí: a eso se le llama VIDA.
La parte yin (la femenina) precisa de la chispa del yang (la masculina) para ponerse en marcha; la parte yang sin la posterior acción de yin se estanca. Lo explicaré con una metáfora. Imaginemos que la cuerda de una guitarra es yin y la púa que debe afinarla es yang. Mientras la púa no realice su afinado la cuerda no puede ser tocada. La chispa de la púa inicia el afinado de la cuerda, ésta suena indicando el camino correcto de afinado hasta que por fin queda afinada. Si la púa no actúa la cuerda no se afina; si la cuerda no suena es imposible saber si está afinada.
El proceso es mucho más complejo por supuesto y continúa. Una cuerda afinada no cumple su función si no es tocada. El tocarla implica que se acabará desafinando y habrá que volver a afinarla. No es la púa quien decide cuando afinar a la cuerda, es ésta la que con su sonido indica cuando debe hacerse.
En el plano humano, la parte yin (la mujer) tiene un ciclo evidente muy conectado con los ciclos de la tierra; y es así durante toda su vida y en todos los momentos. La parte yang (el hombre) también los tiene pero para ser adaptados a los ciclos de yin. Entender eso y aplicarlo es alcanzar el equilibrio y la felicidad.
Vivimos todavía en una sociedad humana a nivel mundial en la que los ciclos los han marcado los hombres. Las "cosas" de mujer se esconden. Cada vez menos, es verdad, pero aún queda mucho que educar y evolucionar. Ese actuar tan por libre de la masa masculina, marcando los tiempos, momentos, ciclos... mientras la mujer actuaba desde la sombra adapatándose a esa acción yang como mejor ha sabido, nos ha llevado a un desasosiego tan grande en la parte yin que queremos desaparecer: "si nuestras vidas no valen, produzcan sin nosotras". Producir, hasta en el sentido de que den a luz ellos.
Es muy difícil educar a quien se cree en la sabiduría total. Es muy difícil educar a quien sólo mira para lo que a él le va bien, aunque de cuando en vez piense en la que está a su lado. Digamos que es afinar la cuerda sólo cuando quiero tocarla, y que suene bien sin preocuparme de que de no tocarla ni afinarla cuando ella lo necesita, acaba por oxidarse y no querer ni ser afinada ni tocada.
Cuando la mujer llega a la menopausia son muchos los casos en que ya no dejan que el yang que tienen al lado las toque. Como los estudios generalizados son que es normal, porque en la menopausia pasa esto, pues ellas se aferran a eso y ellos lo asumen como natural. Pero no es así para nada. La menopausia en un cambio. Generalmente las mujeres mandan señales más que evidentes de que están en proceso de cambio, que están mál afinadas y mal tocadas, que a esas alturas de la vida ya se le exige al que está al lado que haga un acoplamiento real y total porque la necesidad de estar afinada y sonar su melodía se hace imperiosa. Y si no se hace así es mejor que ni te afinen ni te toquen. Es como empeñarse en regar la planta que ya se ha muerto porque durante mucho tiempo los cuidados que le hemos dado han sido mediocres y tampoco hemos sabido reaccionar cuando ya daba señales evidentes de querer morirse.
Por eso, insisto, es fundamental que sea la parte yang la que se adapte a la yin. Porque los cambios naturales de las yin van marcando el camino para una buena armonía de ambos. Y vuelvo a repetir, quien entienda y aplique ésto alcanzará el equilibrio y la felicidad.
Aviso a las yin: están tan superadas por el yang que la mayoría sólo quiere ser como ellos y una igualdad que no acaban de ver cual es realmente. Primero limpieza personal, un buen autoconcimiento y después no rendirse, esperando el despertar de los yang cuando vean que la parte yin ha empezado a afinarse y tocarse sola, aunque eso no produzca la misma melodía que si es a duo.

lunes, 29 de agosto de 2016

ADAN Y EVA O YIN VERSUS YANG

EL ÁRBOL DE LA CIENCIA DEL BIEN Y DEL MAL 




Hay dos relatos en el Génesis que explican la creación de los humanos en la tierra gracias a Dios.
En el primero creó humanos macho y hembra tras haber hecho la luz, la tierra, el cielo y demás criaturas, sin más historias.
En el segundo relato ya habla de un Paraíso en el que coloca al hombre creado del barro. Al hombre le da poder para dominar a todo bicho viviente y también una prohibición: no comer del árbol de la ciencia del bien y del mal. LA MUJER AÚN NO HABÍA SIDO CREADA CUANDO DIOS HIZO LA PROHIBICIÓN.
Después Dios, vio que el hombre no estaba bien solo; le llamó Adán y le dio la orden de poner nombre a toda cosa y ser vivo que tenía en el Paraíso. Tras lo cual lo puso a dormir para sacarle una costilla y crear una mujer SEMEJANTE a él para que le ayudase a cuidar el Paraíso. La mujer fue creada sin nombre y sin prohibición.

Continúa después el Génesis con el relato del origen del mal y aparece la serpiente tentando a la mujer. Y ahí se dirige a ella en plural como si la mujer hubiese formado parte de lo que Dios había prohibido. La mujer comió del árbol de la ciencia y nada pasó. Fue cuando comió Adán cuando se les abrieron los ojos a su desnudez, se enteró Dios y se montó la marimorena:
-maldijo a la serpiente,
-impuso los dolores de parto a la mujer y sometimiento al marido,
-y a Adán, por haber escuchado a su mujer y haber comido del árbol que a ÉL le estaba prohibido, maldijo la tierra, le impuso mil miserias para salir adelante y lo hizo mortal.
Sólo después de todo eso, Adán puso a la mujer de nombre Eva y por una razón: HABÍA DE SER LA MADRE DE TODOS LOS VIVIENTES.
Tenía solución el problema, que el hombre comiese del ÁRBOL DE LA VIDA, sobre el que no recaía prohibición alguna, salvo hasta ese momento en que Dios se cabreó y lo echó fuera antes de que alargase la mano y comiese de él.

Ahora voy a poner un ejemplo para explicar mi sentir con respecto a esta probición y el origen del mal. Pero antes una nota aclaratoria:
Lo habitual es asociar el yang al hombre y el yin a la mujer; siendo eso correcto en la mayoría de los casos, no se puede generalizar. Lo masculino y lo femenino hace referencia a esencia, no a sexo. Así existen muchos hombres yin y muchas mujeres que son yang.
Paso al ejemplo.
Con un descubrimiento como el fuego, una yin lo emplearía para calentar el hogar, cocinar los alimentos, mantener alejados a los depredadores...  El fuego en manos de un yang ha sembrado la muerte (esa que Dios les hizo conocer por incumplir su prohibición) arrasando pueblos y ciudades enteras. Es un ejemplo corto y muy clarificador de como algo es bueno o malo según en que manos caiga.
Por eso Dios sabía muy bien a quien hacía la prohibición: el fruto del árbol de la ciencia en manos de yin llevaría al bien. En manos de yang los haría conocedores del mal.
La solución está en manos de los yang, que han de comer del árbol de la vida. La madre de los vivientes es yin.
 Yin es portadora de esa vida que yang debe descubrir como atraer para recuperar el Paraíso. Una vez recuperado, yang debe mantenerse satisfecho con comer del árbol de la vida y dejar que sea yin la que disfrute del árbol de la ciencia. Si, es algo al alcance de tod@s, pero como todavía hay demasiada mayoría yang (hombres y mujeres) que no están preparados para aceptar la solución, ya la contaré... sabe Dios cuándo.

BENITA MÍLLARA.



martes, 23 de agosto de 2016

MUNDOS PARALELOS

Un domingo de verano donde muchos humanos compartimos el mismo espacio en una playa, cada uno en una actividad diferente: unos se bañan, otros juegan a la pelota, otros leen, otros pasean, otros fuman, otros duermen, otros dan balonazos...
Afirmaría sin equivocarme que cada uno de esos humanos haciendo algo en esa playa en realidad tienen sus mentes muy lejos de allí y de ese instante; sus cuerpos físicos están a la vista de todos, pero su mundo interior no está allí con ellos mismos ni con nosotros.
Pero hay otro mundo paralelo en esa playa, el mío. Presente en esa playa y en ese mismo instante, conviviendo primero de forma sutil, para acabar materializándose cuando mi ser que todo el mundo puede ver allí, se cansa de soportar los balonazos, pelotazos y gritos de los incansables de las pelotas de todos los tamaños.
Y me levanto, tranquila; me sitúo frente al mar... y empiezo. Muy suavemente ejecuto mi taichi, allí en medio de las toallas extendidas, de los cuerpos bañados en sol, de los pitillos, de los que leen, de los pelotazos...
Acabo mi forma de manos libres y como me he fundido con aquella playa y todo lo que hay en ella, no tengo ni idea de lo sucede a mi alrededor. Sólo soy consciente de coger mis dos abanicos y hacerlos bailar silenciosos en la danza de su forma porque aquella playa merece ese respeto.
Vuelvo a mi primer mundo paralelo porque tres jovencitas se acercan y una me pregunta cómo se llama eso que hago. Contesto y charlamos un rato sobre taichi y qigong.
Al mirar a mi alrededor, las pelotas habían desaparecido. Ambos mundos paralelos se habían cruzado y habían creado equilibrio.

Horas más tarde vuelvo a entrar en mi mundo paralelo, ahora en completo silencio mientras contengo un suspiro de resignación.
Tener que pedir a gritos una consumición porque la tele con su juego de pelota están tan altos, me resulta desagradable. Y entonces me veo allí, en mi mundo paralelo, imaginando el local con un sonido aceptable para poder comunicarse con el que tienes al lado. 
Pero aquí los dos mundos no se cruzan, al contrario, se colocan a una enorme distancia uno del otro. Eres una borde si manifiestas tu opinión contra algo tan asentado en ese mundo paralelo... abrir la boca implica conflicto y hay que sentirse con ganas de asumirlo; no era mi caso en ese momento.
La distancia entre ambos aumenta al acercarme a la barra y ver pegadas en una columna un montón de estampas de vírgenes, y justo debajo un calendario en el que los meses ocupan el diez por ciento del papel, mientras el otro noventa por ciento lo invade una joven mujer en postura poco natural para andar por la vida y con la camisa mojada marcando su perfecto cuerpo de foto retocada.
Y pienso que algo tienen en común todas esas imágenes de mujeres: se les supone la virginidad, entendida como la entienden la mayoría de los mortales en su mundo paralelo. Porque en mi mundo paralelo, ni virgen es lo que se ha extendido que es, ni una mujer es un objeto que tanto vale de diosa como de juguete.

Esos YO de los mundos paralelos en que me he movido un domingo de verano, no son cuerpos físicos ajenos unos de otros en distintas dimensiones. Soy Yo misma haciendo salir a la luz el mundo paralelo que llevo dentro o resignándome a que los demás impongan el suyo y dejarme arrastrar por él.

Un dato: los mundos paralelos que más cambios han producido son los creadores de las guerras. Dato muy triste, por cierto. Damos para algo más y mejor que unas estúpidas guerras, aunque sean por un balón de fútbol.
BENITA MÍLLARA

domingo, 4 de octubre de 2015






LO AUTÉNTICO

El tema de lo "auténtico" reconozco que me da un poco de miedo. No debería ser así porque a priori lo que inspira es algo bueno, que no engaña; de fiar, vamos. Sin embargo cuando lo "auténtico" se utliza como exclusión, el tema cambia.

"Auténtico" era en mi niñez el cristianismo y por supuesto la religión católica, hasta el extremo de que el resto de la humanidad se condenaría en el infierno. Que ya hay que tenerlos muy bien puestos (al varón predicante de tal afirmación me refiero) para decir algo así y acto seguido el "amaos los unos a los otros" y encima olvidar todo lo A.C.

Supongo que con esa misma idea de autenticidad una raza, una lengua, una nacionalidad, etc etc, suben por encima de las demás, que para eso hubo alguien que fue el primero y por tanto el "auténtico".

Por mucho que se esfuercen es muy difícil probar las "autenticidades", porque ninguno de los que las proclaman han estado en el origen de los tiempos. Los textos mienten, se manipulan, se pierden y reaparecen. Y la tradición oral también. 

Pero vamos a suponer que efectivamente tenemos al "auténtico" entre nosotros; el desprestigiar a los "hijos" que el "auténtico" ha generado, es como poner en cuestión al "auténtico" en sí mismo. Porque no hay cosa más bonita que crecer y dar fruto. Si al "auténtico" se le castra pierde su fuerza. Que además engendre hijos diferentes es de lo más positivo que le puede suceder, porque la variedad enriquece.

Y ya centrándome en el Universo del Taichi, el practicar el "auténtico" (sea cual fuere, porque cada uno tiene el suyo), el practicar tambíen a sus supuestos "hijos", primos y demás familia resulta que es un ejercicio de crecimiento importante en el taichi personal. Habrá quien diga que eso no es cierto, entre ellos grandes maestros y demás estudiados. Y esto a mí me recuerda a aquel ginecólogo, hombre, que explicaba que los dolores menstruales eran psicológicos; si él los padecía eran psicológicos sin duda. Quiero decir con esto que en la práctica es preciso el SENTIR; si no lo sientes es que algo no estás haciendo correctamente o que no tienes la capacidad necesaria para sentirlo. Un ginecólogo hombre podrá hablar de lo que ha estudiado, leído, visto, escuchado, intuído incluso, pero no de lo que ha sentido en el cuerpo de una mujer.

Mi "auténtico" yo, que es un cúmulo de genes, hormonas, experiencias, recuerdos, enseñanzas, morales...de diversa índole y procedencia, considera que ciertas cosas "auténticas" porque alguien las ha autorizado y legalizado obedecen demasiadas veces a intereses de unos pocos, en los que no entra el mirar por la libertad y felicidad de los demás.

La pena, como siempre, es que la masa es altamente manipulable. Como individuos todos tienen un juicio y una sabiduría crítico-constructiva que dentro de la masa no se ve ni se siente.

Quizá el camino sea que el educador se eduque primero.


jueves, 12 de febrero de 2015

JUAN SALVADOR GAVIOTA


                                


                            
                                              Richard Bach

   Escrito en 1970. Su autor ha declarado que él no escribió el libro, si no que le llegaban visiones que él ponía por escrito y resultó esta obra. Nunca ha vuelto a decir nada similar sobre sus otros libros.
   La trama parece simple: una gaviota disconforme con la Bandada decide ir por libre y seguir su propio camino.
   El contenido sin embargo es muy denso. Es como una pequeña Biblia donde el esfuerzo, el amor, el perdón, la comprensión, la superación, la amistad….son valores sobre los que te obliga a reflexionar.
   Un libro atemporal, una metáfora continua de nuestra propia vida, una llamada a ser uno mismo, a no tener miedo a separarse del grupo para crecer. Porque sólo cuando nos conocemos a nosotros mismos y nos convertimos en nuestros propios maestros, podemos aportar algo a los demás.
   Después de abandonar la Bandada para crecer acaba volviendo a ella, y así cierra el círculo de una vida plena y feliz: hay que hacer el camino y llegar al final para volver al principio pero más sabios.

   Me gusta esta reflexión (entre otras muchas que hace):
“¿Por qué será que no hay nada más difícil en el mundo que convencer a un pájaro de que es libre, y de que lo puede probar por sí mismo si sólo se pasara un rato practicando?